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IA en el salón de clases: la revolución que ya llegó (y lo que todo papá, mamá y maestro debería preguntar)

Emilio Zárate

Son las nueve de la noche y tu hijo usa IA para hacer la tarea sin que tú lo sepas. Esto es lo que dicen los datos, con fuente, sobre lo que está pasando en las aulas, y las preguntas que puedes hacer esta semana.

1. Ya está aquí, aunque nadie tocó timbre

Son las nueve de la noche y tu hijo está frente a la tarea de mañana. Tú andas en otra habitación, resolviendo tus propios pendientes, y no ves que él le acaba de pedir ayuda a ChatGPT: le copió el enunciado del ensayo, le pidió tres ideas, y en dos minutos tenía un borrador. No hizo trampa, exactamente, también le puso de su cosecha, pero tú no tienes idea de qué le preguntó, qué le contestó la IA, ni qué pasó con esa información una vez que salió de la pantalla.

Esta escena, hoy, se repite en millones de casas. Y aquí está lo curioso: casi ninguna escuela tiene todavía una regla clara sobre ella.

La inteligencia artificial generativa, esos programas como ChatGPT que "conversan" contigo y generan texto, imágenes o respuestas a partir de lo que les pides, no entró a las aulas por la puerta grande, con un anuncio oficial y un manual de uso. Entró por el celular de los propios estudiantes, casi de la noche a la mañana, y las escuelas todavía están corriendo para alcanzarla.

El dato lo confirma: en una encuesta de la UNESCO a más de 450 escuelas y universidades alrededor del mundo, menos del 10% tenía alguna política formal sobre el uso de IA generativa (Noticias ONU, septiembre 2023). Es decir, nueve de cada diez instituciones dejan que estudiantes, maestros y familias decidan solos, caso por caso, qué está bien y qué no. No porque no les importe, sino porque la tecnología corrió más rápido que la conversación.

Para ti como papá, mamá o maestro, esto no es motivo de pánico, es una invitación a no esperar a que la escuela ponga las reglas: puedes empezar la conversación en casa, aunque sea con una pregunta tan simple como "¿usaste IA para esto? ¿para qué?".

2. ¿Desde qué edad sí, y desde cuál mejor no?

No es lo mismo un niño de 8 años pidiéndole a una IA que le explique una tabla de multiplicar, que uno de 15 usándola para investigar un tema de historia y contrastar fuentes. El primero todavía está aprendiendo a distinguir qué es verdad y qué no; el segundo ya tiene, o debería tener, las herramientas para cuestionar lo que la máquina le contesta.

Por eso la UNESCO puso un número sobre la mesa: recomienda los 13 años como edad mínima para que los niños usen IA generativa en el salón de clases (Noticias ONU, septiembre 2023). No es un capricho: antes de esa edad, según el organismo, los chicos aún no tienen del todo desarrollado el pensamiento crítico para diferenciar una respuesta correcta de una inventada con toda confianza por la IA (lo que en el mundo de la tecnología se conoce como "alucinación": cuando el sistema responde algo falso como si fuera un hecho).

Si en tu casa o tu salón hay niños menores de 13 usando estas herramientas, no significa que el mundo se vaya a acabar, pero sí es una señal de que ahí el acompañamiento de un adulto debe ser más cercano, no más distante.

3. Lo que tu hijo escribe en la plataforma, ¿a dónde va?

Cuando tu hijo entra a la plataforma de la escuela para hacer un examen, subir una tarea o resolver un cuestionario, deja un rastro: qué contestó, cuánto tardó, en qué se equivocó, a veces hasta desde qué dispositivo y a qué hora. Ese rastro no se queda flotando en el aire, alguien lo guarda, y ese alguien no siempre es la escuela.

Human Rights Watch investigó 164 plataformas educativas usadas en 49 países durante la pandemia, cuando de la noche a la mañana millones de niños pasaron sus clases a internet. El resultado: 146 de esas 164 plataformas, el 89%, tenían prácticas que ponían en riesgo los datos de los niños, desde rastrear su actividad hasta recolectar información sin pedir permiso claro a nadie (Human Rights Watch, mayo 2022).

No se trata de sospechar de cada aplicación que usa la escuela de tu hijo, muchas cumplen bien, sino de hacer la pregunta que casi nadie hace: si la plataforma es "gratis", ¿de qué vive? A veces la respuesta, aunque no se diga en ningún lado, es de los datos de quien la usa.

4. No todos los salones tienen el mismo punto de partida

Toda esta conversación, IA, plataformas, datos, parte de un supuesto que no es cierto para todos: que hay una computadora, una tablet o al menos un celular con buen internet en el salón. En muchas escuelas, esa suposición todavía no llega.

En América Latina, solo el 37% de la población más pobre tiene acceso a internet, contra el 75% de la población más rica (CEPAL). Es una brecha de casi el doble, y significa que mientras en algunas escuelas ya se discute si un ensayo con ayuda de IA es trampa o no, en otras la discusión sigue siendo mucho más básica: cómo conseguir una señal de wifi que aguante toda la clase.

Esa misma desigualdad se refleja en cómo reaccionan los países ante la tecnología en el salón: en 2023 solo 1 de cada 4 países tenía alguna regulación sobre el uso de celulares en las escuelas; hoy ya es 1 de cada 2 (UNESCO, Informe GEM 2023), la mitad del mundo sigue sin ninguna regla clara.

5. Entonces, ¿qué puedes hacer tú esta semana?

La buena noticia es que ni la UNESCO ni ningún organismo internacional va a resolver esto por ti antes del lunes. En agosto de 2024 publicó marcos de competencias en IA para maestros y estudiantes, con eje en desarrollo humano, equidad e inclusión (UNESCO), un paso importante, pero traducirlo a la vida diaria de un salón o una casa todavía toma tiempo.

Mientras tanto, tres preguntas que sí puedes hacer esta semana, sin necesitar ningún permiso ni saber de tecnología:

Si eres papá o mamá: pregúntale a tu hijo, sin tono de regaño, "¿usaste IA para esto? ¿para qué la usaste y qué te contestó?". La idea no es prohibir, es que sepa que puede platicarlo.

Si eres maestro o maestra: pregunta en tu escuela si existe alguna política, aunque sea informal, sobre el uso de IA generativa en clase. Si la respuesta es "no", no es tu culpa: eres, literalmente, la mayoría.

Si tienes duda sobre una plataforma que usa la escuela: busca su aviso de privacidad y fíjate en una sola cosa: si dice para qué usa los datos de tu hijo. Si no lo dice, esa es tu respuesta.

La IA en el salón de clases no va a esperar a que estemos listos. Pero las preguntas correctas, hechas a tiempo, valen tanto como cualquier política que tarde años en llegar.

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